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  • Pepe Orraca

¿PORQUE CINE Y PORQUE AHORA?

En 1991 publiqué el siguiente pensamiento: La producción cinematográfica es la industria perfecta para Puerto Rico. Esto, porque es intensiva en mano de obra, promueve trabajo bien remunerado en uno de los sectores de mayor desempleo: artistas, escritores, artesanos y creativos en general; sin contaminar el ambiente ni malgastar los recursos naturales de la Isla. Es un producto altamente exportable que a la vez proyecta la imagen de la Isla. Fomenta el turismo y la confianza en todo nuestro ambiente industrial. Mas de quince años después, sigo creyendo lo mismo. Ahora con la convicción que presta la historia. La pregunta obligada es ¿por qué cine? Y no otra industria. Como por ejemplo la pesca industrial, qué por alguna razón extraña no logra levantar cabeza a pesar de haber muchos peces y muchísima agua a todo alrededor. Y otra pregunta obligada es ¿por qué sigo con el mismo planteamiento casi una generación mas tarde? La primera pregunta es la más fácil de contestar. Mas fácil aun para un cineasta. Porque no existe ninguna otra industria como el cine. Primero, es una artesanía que en ocasiones logra transformarse en arte, en una genuina expresión artística personal. Sin embargo es un arte construido por decenas de artistas, cada uno especializado, actores incluido. Pero no sólo del arte se nutre el cine. Conlleva el apoyo de docenas de obreros: carpinteros, electricistas, chóferes, pintores de brocha gorda. A todos estos, le tenemos que añadir los técnicos especializados en las herramientas de la producción cinematográfica. Luminotécnicos, Tramoyistas. La lista no se acaba. El cine abarca el drama más profundo, sirviéndose de escritores y dramaturgos, a la vez que abraza la mayor liviandad con la comedia burlesca. El cine puede ser épico, heroico, histórico, como puede ser intimo, sujetivo, y poético. El cine puede ser lo real o lo inexistente. Surrealista o fantasioso. El cine puede ser documental o noticioso. El cine puede ser todo. Quiero que consideren por un momento que de lo único que hemos hablado es sobre la producción de la película. Y como saben todos los que hemos hecho una película eso es sólo una parte de la industria, quizás la más divertida para muchos pero es solo una parte. Se nos quedan los abogados y los contables. Los bancos, las aseguradoras y los especialistas en mercadeo y publicidad. Tampoco podemos olvidar las exigencias de las uniones en su empeño de proteger al trabajador. Completamos este inventario de los interventores en el cine, con el exhibidor y el distribuidor, claro contando con el laboratorio que imprimió las copias de exhibición y avances. En el cine análogo Kodak se hace dueño de una buena parte del presupuesto. O, perdón, se me olvidaba el ingeniero de sonido, la música original compuesta para la película, los músicos que la interpretaron, el mezclador de las pistas, y el software necesario para completar la pista en el formato 5.1. Sí, son muchos los empleos directos que genera el cine. Para entender porque el cine es tan especial hay que mirar más allá de los números y estadísticas. Hay que mencionar el aspecto social, cultural y educativo del cine. El cine nacional es un espejo del pueblo. Ese reflejo educa. A veces con intención de educar de llevar un mensaje y a veces sin querer queriendo, pero ese cúmulo de imágenes en movimiento acompañadas de dialogo y música siempre deja una siembra de ideas. Semillas que pueden señalar un cambio de rumbo para una sociedad. O la necesidad urgente de cambiar el rumbo, como nos sucede ahora. Una película en distribución tiene más alcance que un libro, una revista, o un periódico. No necesariamente es más importante que los anteriores, pero el cine tiene la ventaja. Todo el mundo lo entiende: grandes y chicos, académicos y analfabetas. El cine no requiere notas al calce. Cuando la cámara cuenta la historia todos sabemos de que se trata, aunque desconozcamos el idioma del diálogo. Por eso cada película, cada una de las películas que hacemos o queremos hacer, es importante. Como si todo esto fuera poco, el cine es también un negocio multimillonario, de abarque global. Un país que pueda sostener una industria de cine está preparado o listo con la infraestructura necesaria para sostener cualquier industria. Si Puerto Rico puede alcanzar el éxito con una industria de producción de cine, podemos alcanzar el éxito en cualquier otro renglón industrial. Creo que esto nos debe dar una clara idea de porque el cine es único. Tanto como una industria, como una expresión artística, y de un enorme significado social. A la segunda pregunta obligada puedo comenzar a responder con que nosotros tenemos una historia de cine. El cine no es algo que últimamente se ha puesto de moda en la Isla. Es una pasión de casi cien años y mucho más de cien películas. Algunas décadas, como la del 1940, fueron de escasa o ninguna actividad. Y la más reciente década, a lo opuesto, de una productividad extraordinaria. La discusión que por décadas llevamos, se ha resuelto. Hay producto para vender. Prácticamente todos los meses se anuncia, o estrena una película. Claro, la mayoría sin contratos de distribución ni pantallas de exhibición, pero son productos que están disponibles a la venta. Productos que pueden empezar a suplir los canales de distribución y las tablillas de los detallistas de películas. En estos últimos años, apoyado por los geométricos adelantos en la tecnología de procesar la imagen en movimiento, se ha creado una plataforma de producción que permite la creación de la casa productora compuesta por un sólo individuo. Se ha liberado el cineasta de la ‘colectividad obligada’ que todavía exige el cine análogo. Se ha liberado de contabilizar las horas de edición permitiéndole trabajar el tiempo que requiere la película no el tiempo limitado por el presupuesto. Los más complejos efectos visuales están a la distancia del software, o el plugin que sea. Todo esto es, como dice el refrán publicitario: nunca antes visto. Cada día se inauguran nuevos medios de distribución. Lo que fue inimaginable ayer, es hoy una realidad. Exhibir una película en el Internet es cosa común y ver esa misma película, o tu película favorita, en el teléfono móvil también se ha hecho común. Estas nuevas plataformas de distribución y exhibición están en su mero comienzo, en pañales. Las posibilidades, el potencial, que ofrece la red mundial electrónica son incalculables. Casi infinitas. Y muchas están ahí ahora. Esperando a que a alguien se le ocurra como aprovecharlas. Gracias a los esfuerzos de la Asociación de Productores, APCA, por primera vez tenemos un sistema de financiación de películas que busca superar las deficiencias del mercado comercial de financiamiento. Si se suman los distintos incentivos a la producción y distribución de películas, el cineasta en Puerto Rico cuenta con el mejor portafolio de incentivos en el planeta. ¿Qué existen críticas a los procedimientos? Es cierto, pero críticas siempre van ha existir. ¿Qué hace falta mejorar y agilizar los procedimientos? También es cierto, pero de que hay los incentivos, los hay. La educación en cinematografía también ha tomado pie firme. De cursos y talleres desconectados que ofrecen varias instituciones, como esta Fundación que nos regala este valioso Festival. Se ha formalizado la educación con ofertas de maestría en la escritura del guión por la Universidad del Sagrado Corazón. Bachilleratos en comunicaciones en casi todas la universidades y el recientemente aprobado grado asociado en cinematografía ofrecido por el CCAT, el cual tengo el privilegio de coordinar. Hasta hace poco lo más cerca al cine que se podía estudiar en la Isla para grado académico era drama o teatro. Para los que están más interesados en conocer sobre el cine que de la aventura de hacerlo se estará anunciando en unos meses la apertura de la Filmoteca Nacional de Puerto Rico, una iniciativa de la Corporación de Cine. La creación de esta filmoteca nace de la realización que hace falta proveer apoyo a un programa para el desarrollo de la cultura cinematográfica. Proveerle al cineasta, al estudiante, y al público en general, la experiencia de un cine clásico fundador del medio, la experiencia de un cine nacional que recuenta las costumbres y preocupaciones de generaciones pasadas, la experiencia de un cine mundial con la continua exploración del lenguaje cinematográfico. Proveerle al cineasta, sin restricciones comerciales, pantallas de exhibición para la producción nacional. Y asumir la responsabilidad de iniciar una gestión educativa popular en pos de aumentar la preferencia por un cine nuestro. Creo que he enumerado suficientes razones para hacer cine y hacerlo hoy mismo. Razones que justifican este esfuerzo colectivo entre la empresa privada, con o sin fines de lucro, el gobierno y la sociedad civil. El cine como industria abarca todos los renglones de la sociedad: comercial, cultural y educativo. El cine nos permite expresarnos como pueblo y ganarse un sueldo mientras lo haces. El cine puede canalizar esa creatividad nacional que encontramos a diario. Somos un pueblo de artistas y artesanos. En el cine hay espacio para todos los gustos y colores. El cine puede dejar un reguero pero no contamina. El cine recicla lo que consume. Para nosotros el cine es la industria perfecta. Todas las piezas están en su lugar. Agarren con ambas manos esta oportunidad que nos brinda estos tiempos modernos. Se acabaron las excusas. Se hace industria, haciendo cine. Pero antes de que salgan corriendo a filmar su proyecto quiero, por un momento, que tomemos conciencia de que lo que hacemos es importante. Lo que hacemos va más allá del empeño de un individuo en contar una historia. Va más allá de simplemente complacer un público y entretenerlo por un rato. O ganarse un dinerito. Lo que hacemos puede cambiar el futuro, puede enseñarle a un pueblo el camino a seguir, o la mala costumbre que debemos dejar. Puede motivar a un niño o un joven a seguir una carrera, o profesión. Puede despertar en la imaginación de un pueblo la esperanza de un mejor futuro. Por esto nosotros los cineastas tenemos que tomar nuestro oficio en serio. Tenemos la obligación de hacer un cine pertinente. Somos responsables del mensaje que proyectamos aunque pensemos que no lo hay. Somos responsables también de las consecuencias que provoque ese mensaje. Consecuencias que posiblemente no imaginamos, ni esperamos. Hagamos películas, pero hagamos un cine nuestro.

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